Historia del Señor de los Milagros
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La primera misa


     Después de estos extraordinarios sucesos, la parroquia de San Marcelo así como la de San Sebastián quisieron trasladar el mural a sus parroquias. En ambos casos no dio resultados. Cuentan que cuando los obreros levantaron la pared para trasladarla, se quebraron las partes en donde estuvieron pintadas la Virgen y Maria Magdalena, quedando sólo intacto el Señor. 
     El Conde de Lemos personalmente rindió culto a la imagen y acordó con la autoridad eclesiástica que en definitiva se le venerase en el mismo lugar para lo cual ordenó inmediatamente se levantara una ermita provisional.
    Siempre con el apoyo de los fieles del lugar, la imagen quedó cercada con adobes, lo techaron con esteras y levantaron un sencillo altar al pie del Cristo Crucificado. Una vez terminado estos trabajos se logró que se oficiara la primera misa ante la sagrada imagen del Cristo de Pachacamilla, un día lunes 14 de setiembre de 1671, fecha que coincide con la exaltación de la Santísima Cruz. A esta ceremonia religiosa asistió el Virrey y su señora esposa, altas autoridades civiles como eclesiásticas y un gran número de vecinos y devotos.
    Después de esta primera misa el Virrey y su esposa continuaron rindiéndole culto a la imagen, aumentando así los devotos, que venían desde lejos inclusive, para conocer y reverenciar a la potentosa imagen del mural de Pachacamilla que pronto comenzaron a llamarlo "El Santo Cristo de los Milagros o de las Maravillas".
 
 
 
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